Fuimos al bar de siempre. Dejé que Pablo comenzara a hablar. Me contó la historia de su separación, de cómo había intentado ponerse en contacto conmigo, de que le había contado a Gustavo que había conocido una chica increíble,o sea yo, que Gustavo lo había ayudado mucho en esos meses tan difíciles…
-Mirá Analía, la verdad es que cuando te conocí, me iluminaste la vida. Yo me enamoré de vos desde el primer día que te vi. Después, cuando te enojaste y me dejaste, no supe qué hacer, no sabía cómo encontrarte para poder explicarte todo…Y ese día que acompañe a Gustavo porque queria presentarme a su novia y te vi…no te puedo explicar lo que sentí…Sé que sos la mujer que yo quiero para mí. Dale, Princesa, dame esa oportunidad que no me diste antes, probemos lo nuestro nuevamente, sé que va a funcionar porque hay mucha química entre nosotros. Gustavo es un buen tipo, pero no es lo que vos necesitás.
Lo escuché atentamente. En realidad, trataba de poner en claro mis sentimientos. Rogaba que volviera Gustavo. Con él me sentía segura. Pablo provocaba en mí una sensación de vértigo, pero yo… ¿Qué buscaba en un hombre?
Mi cabeza funcionaba a mil por hora. No podía engañar a Gustavo, no, nunca lo haría. No soy esa clase de mujer.
-Mirá Pablo, yo entiendo que vos tuviste tu oportunidad conmigo. No sé si la perdiste por idiota o cuál fue el motivo…Yo lloré mucho por todo lo que pasó entre nosotros. Pero en este momento…la verdad es que me siento muy bien con Gustavo y no se merece que lo traicione y menos con vos, él te considera su mejor amigo…Si de verdad seguís interesado en mí, quiero que me dejes pensar tranquila por un tiempo. Necesito saber qué pasa con mis sentimientos. No estoy en condiciones de tomar ninguna decisión en estos momentos.
Me miró fijamente, me sonrió y dijo:
-Bueno, está bien…Ja! Espero ser el elegido…Te amo Princesa…
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lunes, 5 de abril de 2010
viernes, 26 de marzo de 2010
Otra vez...!
Pablo me tomó de la barbilla y dijo mirándome a los ojos:
-Vos sos “mi” princesa, no de “él”. Nada va a pasar que vos no quieras. No tengas miedo. Ya nos vamos…-.
Nos levantamos y fuimos hacia el auto. Mientras manejaba hacia mi casa no dijo ni una palabra. Yo tampoco.
Esa noche tuve un sueño extraño: mi padre me regalaba un talismán y se iba…me desperté llorando. A la mañana, antes de que saliera para la oficina me llamó Gustavo. Me alegró muchísimo escuchar su voz. Lo extrañaba horrores. Necesitaba su abrazo…Obviamente, no le conté lo que pasó el primer día de su ausencia…
Por suerte, Pablo desapareció unos días…Al cuarto volvió a la carga. Salía de la oficina y me estaba esperando. Estaba con el auto de Gustavo.
-Mirá Analía, quiero pedirte perdón por lo del otro día. Te prometo que no va a volver a suceder-.
Ni lo miré. Seguí caminando como si no lo oyera. Se plantó delante de mí y me dijo:
-No te hagas la que no escuchas. Sé muy bien lo que sentís cuando me acerco a vos, porque yo también siento lo mismo…Vayamos a tomar un café así hablamos tranquilos-
No sé porqué acepté. Pensaba en Gustavo, que es todo ternura, me da seguridad, me hace sentir protegida…pero hay algo en Pablo que me mueve de tal forma el piso, que mi corazón se pone a latir a mil y siento que casi no puedo respirar…
-Vos sos “mi” princesa, no de “él”. Nada va a pasar que vos no quieras. No tengas miedo. Ya nos vamos…-.
Nos levantamos y fuimos hacia el auto. Mientras manejaba hacia mi casa no dijo ni una palabra. Yo tampoco.
Esa noche tuve un sueño extraño: mi padre me regalaba un talismán y se iba…me desperté llorando. A la mañana, antes de que saliera para la oficina me llamó Gustavo. Me alegró muchísimo escuchar su voz. Lo extrañaba horrores. Necesitaba su abrazo…Obviamente, no le conté lo que pasó el primer día de su ausencia…
Por suerte, Pablo desapareció unos días…Al cuarto volvió a la carga. Salía de la oficina y me estaba esperando. Estaba con el auto de Gustavo.
-Mirá Analía, quiero pedirte perdón por lo del otro día. Te prometo que no va a volver a suceder-.
Ni lo miré. Seguí caminando como si no lo oyera. Se plantó delante de mí y me dijo:
-No te hagas la que no escuchas. Sé muy bien lo que sentís cuando me acerco a vos, porque yo también siento lo mismo…Vayamos a tomar un café así hablamos tranquilos-
No sé porqué acepté. Pensaba en Gustavo, que es todo ternura, me da seguridad, me hace sentir protegida…pero hay algo en Pablo que me mueve de tal forma el piso, que mi corazón se pone a latir a mil y siento que casi no puedo respirar…
miércoles, 24 de marzo de 2010
Gustavo se fue de viaje al día siguiente. Iba a volar antes que la comitiva de la empresa, para ajustar algunos detalles previos. Fuimos a llevarlo al Aeropuerto de Ezeiza. Digo fuimos porque para variar, vino Pablo con nosotros dos. La excusa fue que yo no sabía manejar y Pablo se había ofrecido gentilmente. Los dos se sentaron en los asientos delanteros y yo, detrás. Pablo manejaba y todo el tiempo me observaba por el espejo retrovisor. ¡Estúpido! Sabía muy bien que a pesar de que yo miraba por la ventanilla para no pensar y hacerme la distraída, me ponía nerviosa. Gustavo conversaba con Pablo alegremente, contando algunas anécdotas de sus viajes en avión. Cuando tomamos la Autopista Richieri, Pablo aceleró. Pronto llegaríamos. Gustavo se dió vuelta para preguntar como estaba “su princesa”. Le contesté “Bien” pero pensando “Mi amor, encima que te vas por una semana, me dejás con el Lobo Feroz…”
Finalmente llegamos, bajaron las maletas y nos dirigimos hacia el Espigón Internacional. Cuando anunciaron la partida, lo abracé fuerte, lo besé y le dije que lo iba a extrañar. Se fue rápidamente mientras nos saludaba con la mano…
-Analía, no sabés cuánto hace que espero este momento. Tenemos que hablar…-
Pablo me seguía a través de la gente. Yo caminaba cada vez más rápido.
-No tenemos nada de qué hablar Pablo. Soy la novia de Gustavo. Dejame en paz-.
Llegamos al auto y dudé en subir. Pero tampoco sabía cómo volver desde Ezeiza a mi casa.
Cuando cerré la puerta, Pablo activó el cierre centralizado y arrancó. Lo miré con odio.
-Analía, dale, aflojá, en serio tenemos que hablar. Lo que pasó entre nosotros no puede quedar así. ¡Fui un boludo al perderte! Encima de esa forma tan, tan…-
-¡Tan de cretino!- lo interrumpí.
Paró el auto. Yo no me había dado cuenta del camino que habíamos tomado. Estábamos en los Bosques de Ezeiza.
Me dijo:
-Vení, dale, bajemos y caminemos un rato, por favor te pido…-
Me bajé. Era una tarde hermosa. Apenas había un par de personas .Caminamos entre los árboles...
-Mirá Pablo, vos a mí me lastimaste mucho.-le dije.
-Pero Analía, no entendés...- y tomándome del brazo me dijo- Yo sigo enamorado de vos, te busqué por todos lados, no sabía dónde trabajabas, donde vivías, no contestaste mis llamadas ni mis mensajes, tampoco los mails…Tenés que darme otra oportunidad, vos ahora sabés que es cierto que me divorcié, que es cierto que esa nena no es mi hija, por favor Analía- Y tomándome fuertemente de la cintura me dió un beso que me quitó el aliento.
“¡Ay, ay, ay como hago para frenar esto!¡Cómo hago, Gustavo no se lo merece!”
Lo empujé con fuerza y le grité:
-¿Pero vos estás loco?
-Ya no puedo verte abrazada a él, no puedo ver más que lo beses, ni que lo mires. Esos besos fueron míos, me pertenecen-.
-Mirá Pablo, vos te lo perdiste. Yo estaba enamorada de vos y lo echaste todo a perder.No hablemos más, llevame a mi casa por favor-.
De pronto se sentó en el tronco caído de un árbol y se puso a llorar como un chico…Me senté a su lado para que dejara de hacerlo. Me miró y entonces le dije:
-Pablo, vámonos de este lugar. Pronto anochece y ya no queda nadie, sólo nosotros dos. Me da miedo…
Finalmente llegamos, bajaron las maletas y nos dirigimos hacia el Espigón Internacional. Cuando anunciaron la partida, lo abracé fuerte, lo besé y le dije que lo iba a extrañar. Se fue rápidamente mientras nos saludaba con la mano…
-Analía, no sabés cuánto hace que espero este momento. Tenemos que hablar…-
Pablo me seguía a través de la gente. Yo caminaba cada vez más rápido.
-No tenemos nada de qué hablar Pablo. Soy la novia de Gustavo. Dejame en paz-.
Llegamos al auto y dudé en subir. Pero tampoco sabía cómo volver desde Ezeiza a mi casa.
Cuando cerré la puerta, Pablo activó el cierre centralizado y arrancó. Lo miré con odio.
-Analía, dale, aflojá, en serio tenemos que hablar. Lo que pasó entre nosotros no puede quedar así. ¡Fui un boludo al perderte! Encima de esa forma tan, tan…-
-¡Tan de cretino!- lo interrumpí.
Paró el auto. Yo no me había dado cuenta del camino que habíamos tomado. Estábamos en los Bosques de Ezeiza.
Me dijo:
-Vení, dale, bajemos y caminemos un rato, por favor te pido…-
Me bajé. Era una tarde hermosa. Apenas había un par de personas .Caminamos entre los árboles...
-Mirá Pablo, vos a mí me lastimaste mucho.-le dije.
-Pero Analía, no entendés...- y tomándome del brazo me dijo- Yo sigo enamorado de vos, te busqué por todos lados, no sabía dónde trabajabas, donde vivías, no contestaste mis llamadas ni mis mensajes, tampoco los mails…Tenés que darme otra oportunidad, vos ahora sabés que es cierto que me divorcié, que es cierto que esa nena no es mi hija, por favor Analía- Y tomándome fuertemente de la cintura me dió un beso que me quitó el aliento.
“¡Ay, ay, ay como hago para frenar esto!¡Cómo hago, Gustavo no se lo merece!”
Lo empujé con fuerza y le grité:
-¿Pero vos estás loco?
-Ya no puedo verte abrazada a él, no puedo ver más que lo beses, ni que lo mires. Esos besos fueron míos, me pertenecen-.
-Mirá Pablo, vos te lo perdiste. Yo estaba enamorada de vos y lo echaste todo a perder.No hablemos más, llevame a mi casa por favor-.
De pronto se sentó en el tronco caído de un árbol y se puso a llorar como un chico…Me senté a su lado para que dejara de hacerlo. Me miró y entonces le dije:
-Pablo, vámonos de este lugar. Pronto anochece y ya no queda nadie, sólo nosotros dos. Me da miedo…
lunes, 22 de marzo de 2010
Viaje
Cada día que pasa Gustavo y Pablo están más tiempo juntos. Recuerdan la época en que fueron estudiantes y bromean sobre tonterías. Se acompañan a todos lados. Cada vez que nos encontramos después que salgo de la oficina, Pablo está presente, ahí, sonriéndome, desnudándome con la mirada, tramando algo, como un tigre agazapado acechando a su presa…O sea,..¡A mí! Me pone muy nerviosa su presencia. Hace que confunda lo que siento por Gustavo. Él no se da cuenta de nada. Menos mal que no lo lleva con nosotros cuando vamos a su departamento, ¡es lo único que falta!…Ahí Gustavo es para mí sola y siento que sus caricias y sus besos van a cuidarme de lo que el depredador Pablo me hace sentir cuando me sonríe mirándome a los ojos…
-Mi amor, tengo que contarte algo- dice Gustavo.
Estamos en la cama, después de haber hecho el amor.
-¿Qué mi amor? ¿Qué pasa? – le pregunto sin mirarlo, abrazada a él y con mi cabeza apoyada sobre su pecho.
-Es que tengo que irme de viaje…una semana por lo menos…es por asuntos de la empresa-.
Lo miro, sin dejar de abrazarlo.
-¿Cuándo tenés que viajar?- le pregunto.
- En un par de días, lo antes posible- me responde.
-Bueno, no sé, si tenés que ir…- digo mientras pienso “Si acomodara las cosas en mi trabajo podría irme con él…podría adelantar algunos días de vacaciones”.
Se lo digo. Y me responde que no, que no puede ser, que va con una comitiva de la empresa y que no tendría tiempo para estar conmigo para nada, que total son unos pocos días. Le digo que bueno, que está bien… Y no digo nada más...Pero vienen a mí las imagenes de Pablo, de su mirada, de cómo me sonríe, de lo que pasó entre nosotros…Y me abrazo a Gustavo con más fuerza.
-Mi amor, tengo que contarte algo- dice Gustavo.
Estamos en la cama, después de haber hecho el amor.
-¿Qué mi amor? ¿Qué pasa? – le pregunto sin mirarlo, abrazada a él y con mi cabeza apoyada sobre su pecho.
-Es que tengo que irme de viaje…una semana por lo menos…es por asuntos de la empresa-.
Lo miro, sin dejar de abrazarlo.
-¿Cuándo tenés que viajar?- le pregunto.
- En un par de días, lo antes posible- me responde.
-Bueno, no sé, si tenés que ir…- digo mientras pienso “Si acomodara las cosas en mi trabajo podría irme con él…podría adelantar algunos días de vacaciones”.
Se lo digo. Y me responde que no, que no puede ser, que va con una comitiva de la empresa y que no tendría tiempo para estar conmigo para nada, que total son unos pocos días. Le digo que bueno, que está bien… Y no digo nada más...Pero vienen a mí las imagenes de Pablo, de su mirada, de cómo me sonríe, de lo que pasó entre nosotros…Y me abrazo a Gustavo con más fuerza.
miércoles, 17 de marzo de 2010
El Amigo
La noche que estuvimos juntos por primera vez, después que hicimos el amor varias veces, le pedí que me trajera a mi casa. Protestó, no quería dejarme ir, quería amanecer conmigo…Pero insistí y me trajo a mi casa.
Necesitaba pensar. Pensar en mí, en lo que estaba sintiendo, en ese miedo que me da perderme, en dar todo y terminar vacía…
Gustavo es un hombre maravilloso. Si fuera por él…estaríamos siempre juntos.
Y yo no sé. No lo conozco lo suficiente. No sé explicarlo….
Bueno, la cuestión es que van más de dos meses que somos novios. Nos encontramos casi todos los días después que salgo de la oficina, generalmente en algún bar del microcentro de la ciudad. Y casi siempre después vamos a su departamento…y ya sabes como sigue todo…
Me estoy volviendo totalmente adicta a sus besos, sus caricias, su olor…No puedo negarme, la química es tan fuerte…Cuando nos vemos, y nos damos un beso, o solo el tomarnos de la mano, siento ese deseo en mi cuerpo que quiere más y más…
El martes lloviznaba. Salí más temprano de la oficina. Habíamos quedado en encontrarnos en una confiteria que queda sobre la Avenida Corrientes. Llegué antes que Gustavo, pedí un café y me puse a observar a través de la ventana como la gente iba y venía bajo esa llovizna persistente: Una señora que caminaba llevando de la mano a un nenito que lloraba desesperado, una pareja de adolescentes que reían abrazados, un vendedor de diarios, mojándose en la esquina…cuando vi aparecer a Gustavo entre toda esa gente. Pero no estaba solo. Venía hablando con alguien, que en un primer momento no reconocí….Pero cuando me dí cuenta quién era, me levanté como un rayo para salir huyendo lo más rápido posible, pero no lo pude hacer. Gustavo me vió detrás del vidrio de la ventana y me saludó mientras cruzaba la puerta sonriente, conversando con ese hombre.
Yo estaba de pie, temblando, a punto de colapsar, mientras ambos venían hasta donde yo estaba. Escuché que Gustavo decía:
-Vení Pablo, que te presento a Analía mi novia-.
Y dándose vuelta hacia mí, con una sonrisa de oreja a oreja, dijo:
-¡Hola mi amor! – se acercó, me besó y continuó diciendo- Me encontré en el Banco con Pablo, mi mejor amigo de toda la vida, y lo traje para que te conociera-.
Sentí un escalofrío por mi espalda y empecé a ver todo borroso, hasta que perdí el conocimiento y caí redonda al piso.
Cuando desperté en los brazos de Gustavo, que repetía mi nombre, vi detrás a Pablo que me miraba asombrado.
Logré balbucear un “Hola” débilmente. Gustavo me ayudó a levantarme y me sentó en una silla. Tengo que reconocer que Pablo se portó como un caballero. En ningún momento dio a entender que nos conocíamos de antes. Yo tenía miedo que hablara de lo nuestro o que insinuara algo…
Cuando me recuperé un poco, me acerqué a Gustavo y le dije al oído:
-Mi amor, ¿podemos irnos por favor?-
Sonrió y me dijo que sí, que no había problemas. Saludamos a Pablo y nos fuimos.
Cuando llegamos a su departamento, estaba tan agotada que me acosté un rato en la cama. Y me desperté a la mañana siguiente con el brazo de Gustavo rodeando mi cintura.
Necesitaba pensar. Pensar en mí, en lo que estaba sintiendo, en ese miedo que me da perderme, en dar todo y terminar vacía…
Gustavo es un hombre maravilloso. Si fuera por él…estaríamos siempre juntos.
Y yo no sé. No lo conozco lo suficiente. No sé explicarlo….
Bueno, la cuestión es que van más de dos meses que somos novios. Nos encontramos casi todos los días después que salgo de la oficina, generalmente en algún bar del microcentro de la ciudad. Y casi siempre después vamos a su departamento…y ya sabes como sigue todo…
Me estoy volviendo totalmente adicta a sus besos, sus caricias, su olor…No puedo negarme, la química es tan fuerte…Cuando nos vemos, y nos damos un beso, o solo el tomarnos de la mano, siento ese deseo en mi cuerpo que quiere más y más…
El martes lloviznaba. Salí más temprano de la oficina. Habíamos quedado en encontrarnos en una confiteria que queda sobre la Avenida Corrientes. Llegué antes que Gustavo, pedí un café y me puse a observar a través de la ventana como la gente iba y venía bajo esa llovizna persistente: Una señora que caminaba llevando de la mano a un nenito que lloraba desesperado, una pareja de adolescentes que reían abrazados, un vendedor de diarios, mojándose en la esquina…cuando vi aparecer a Gustavo entre toda esa gente. Pero no estaba solo. Venía hablando con alguien, que en un primer momento no reconocí….Pero cuando me dí cuenta quién era, me levanté como un rayo para salir huyendo lo más rápido posible, pero no lo pude hacer. Gustavo me vió detrás del vidrio de la ventana y me saludó mientras cruzaba la puerta sonriente, conversando con ese hombre.
Yo estaba de pie, temblando, a punto de colapsar, mientras ambos venían hasta donde yo estaba. Escuché que Gustavo decía:
-Vení Pablo, que te presento a Analía mi novia-.
Y dándose vuelta hacia mí, con una sonrisa de oreja a oreja, dijo:
-¡Hola mi amor! – se acercó, me besó y continuó diciendo- Me encontré en el Banco con Pablo, mi mejor amigo de toda la vida, y lo traje para que te conociera-.
Sentí un escalofrío por mi espalda y empecé a ver todo borroso, hasta que perdí el conocimiento y caí redonda al piso.
Cuando desperté en los brazos de Gustavo, que repetía mi nombre, vi detrás a Pablo que me miraba asombrado.
Logré balbucear un “Hola” débilmente. Gustavo me ayudó a levantarme y me sentó en una silla. Tengo que reconocer que Pablo se portó como un caballero. En ningún momento dio a entender que nos conocíamos de antes. Yo tenía miedo que hablara de lo nuestro o que insinuara algo…
Cuando me recuperé un poco, me acerqué a Gustavo y le dije al oído:
-Mi amor, ¿podemos irnos por favor?-
Sonrió y me dijo que sí, que no había problemas. Saludamos a Pablo y nos fuimos.
Cuando llegamos a su departamento, estaba tan agotada que me acosté un rato en la cama. Y me desperté a la mañana siguiente con el brazo de Gustavo rodeando mi cintura.
sábado, 13 de marzo de 2010
Despedida y encuentro
Mi hermano Luis ya se volvió a Córdoba. Se nos escaparon algunas lágrimas cuando nos abrazamos al despedirnos. Al final, su muestra estuvo fantástica. Vendió varias de sus obras, por lo que sólo tuvo que coordinar el re-envío de un par de ellas.
Cuando el avión partió, yo seguía un poco triste…sabía que lo iba a extrañar. Gustavo puso su brazo sobre mis hombros y me dijo:
-Vayamos a tomar una café, conozco un lugar que sé que te va encantar-.
Fuimos abrazados hasta el estacionamiento. Antes de llegar, se detuvo, se puso frente a mí y me dió un beso, cálido, tierno…Sentí que mi cuerpo pedía más…
Subimos al auto e íbamos hablando de todo lo que había pasado esos últimos días, cuando me dijo:
- Analía, cambié de idea… Me gustaría mostrarte mi departamento, lo hice remodelar, pero me faltan algunos detalles, me gustaría que me dieras tu opinión…¿Te parece bien?-.
-Bueno, no hay problemas- le dije-Vamos-.
Cuando llegamos, se bajó a abrirme la puerta. Ya en el ascensor, me comentó:
-Estoy muy contento,... ya vas a ver que linda vista tiene-.
-¡Qué bueno!- le dije, mientras pensaba “Te estás metiendo en la boca del lobo…Buenísimo Analía…No vayas a arruinarlo.”
El departamento era realmente hermoso. En el living tenía dos ventanales gigantes por los cuales podían verse las luces de la ciudad por un lado y, por el otro, quebrando la oscuridad de la noche sobre el Río de la Plata , las luces lejanas de algún barco carguero.
-Ponete cómoda…Sentate por favor… ¿Querés tomar algo?- preguntó.
Dejé mi cartera sobre una mesita y me senté en el sofá.
-Bueno, ehh…lo que tomes vos…-.respondí.
Gustavo puso una música suave, y desapareció por un momento para luego traer una botella de champagne y dos copas. Yo pensé “Analía, estás en el horno”.
Se sentó a mi lado y brindamos por habernos conocido, luego porque le dije que el departamento estaba hermoso, luego porque me dijo que estaba enamorado de mí y yo le respondí que yo también de él… Cuando dije eso, dejó su copa sobre la mesa ratona y me miró a través de sus pestañas gruesas y enruladas, sabiendo muy bien lo que provocaba en mí con su mirada. Suavemente sacó la copa de entre mis manos y la colocó junto a la suya. Y me dió un beso, y otro, y otro más. De pronto se detuvo y me dijo:
-Esperá…El dormitorio todavía no te lo mostré-.
Me llevo de la mano hasta el borde de la cama y comenzamos a besarnos nuevamente. Sus manos bajaron el cierre en la espalda de mi vestido, que cayó suavemente a mis pies. Mientras seguían los besos fue desabotonando su camisa. Tenía algo de vello en el pecho. Mientras él desprendía mi sostén, yo aflojaba su cinturón. Rápidamente se sacó el pantalón y sus zapatos. Me tomó en sus brazos y me colocó sobre la cama. Era más musculoso de lo que había imaginado…
Al principio me acariciaba muy despacio, explorando con sus manos cada centímetro de mi piel. Luego sus besos y su lengua se adueñaron de cada rincón de mi cuerpo.
-Seguí-dije- Por favor, no te detengas…-.
Mirándome a los ojos me hizo completamente suya…
En el instante en que las sensaciones invadieron por completo nuestros cuerpos, tuve la certeza de que mi corazón le pertenecería para siempre...
miércoles, 10 de marzo de 2010
Ultimo día
Me estoy enamorando de Gustavo. Cada vez que se acerca a mí, un escalofrío recorre mi espalda…Cuando me mira, lo hace con tanta dulzura, que estoy casi segura que a él le pasa lo mismo conmigo.
El último día que estuvo mi hermano aquí, vinimos los tres a mi departamento. En un momento, Luis salió a comprar cigarrillos y algunas otras cosas. Gustavo, que estuvo callado toda la tarde, me observaba mientras yo acomodaba el desorden que había sobre la mesa. Yo me hacia la distraída y lo esperaba… Pero justo cuando se puso detrás mío...¡Llegó mi querido hermano! Nos miró con cara de pícaro y nos dijo: “Hey, ¡Que estarán tramando ustedes dos!”...
El último día que estuvo mi hermano aquí, vinimos los tres a mi departamento. En un momento, Luis salió a comprar cigarrillos y algunas otras cosas. Gustavo, que estuvo callado toda la tarde, me observaba mientras yo acomodaba el desorden que había sobre la mesa. Yo me hacia la distraída y lo esperaba… Pero justo cuando se puso detrás mío...¡Llegó mi querido hermano! Nos miró con cara de pícaro y nos dijo: “Hey, ¡Que estarán tramando ustedes dos!”...
viernes, 5 de marzo de 2010
Recién hoy...
Recién hoy tengo tiempo de seguir mi diario. Las cosas fueron pasando vertiginosamente…Anoche fue la inauguración de la muestra de mi hermano Luis. Pero hasta que esto sucedió, pasó de todo: No llegaban los cuadros que él había despachado desde Córdoba, la invitaciones no estuvieron listas a tiempo, y otros inconvenientes más, hicieron que hubiera que postergar la inauguración un par de días, (obviamente una excepción), todo gracias a Gustavo y la persona que él conocía ...
Gustavo y mi hermano querían que fuera con ellos a todos lados, pero no pude. ¡Tengo que trabajar! Así que me pasaban a buscar puntualmente los dos por la oficina en el horario de salida. En estos días he conocido un montón de lugares, tanto restaurantes, bares, museos, etc...
Pero lo más interesante y lo que quería contar ocurrió en los Bosques de Palermo. Ese día mi hermano estaba descompuesto, supongo por los nervios previos a la muestra y a algunos inconvenientes con la impresión de los catálogos. Así que Gustavo me fue a buscar a la salida de la oficina, como siempre y fuimos a pasear los dos solos.
Caminamos por las veredas del hermoso lugar un buen rato, en silencio…Me tomó de la mano cuando llegamos a ese lugar tan bonito que es el Rosedal. Lo miré y me sonreí…Tiene manos grandes, calentitas, mullidas, hermosas…¡Y yo siempre con mis manitas congeladas!
Empezamos conversando de cosas triviales, pero luego fuimos abordando temas más profundos. Como estaba ya anocheciendo y empezaba a ponerse frío, fuimos a un bar pequeño, sobre Avenida Libertador. Nos quedamos allí hasta muy tarde. Creo que le conté toda mi vida. Y él también la suya. Nunca había sentido esa conexión con un hombre. Muchas de las cosas que le dije, jamás se las había confesado a nadie. Creo que a él le pasaba lo mismo. No dejábamos de mirarnos a los ojos, como si el mundo alrededor nuestro ya no existiera, solo nosotros dos. Ahí mismo pedimos algo para cenar.
Cuando ya no quedaba nadie en el lugar y estaban por cerrar, me llevó a mi casa. Se bajó para abrirme la puerta del auto y me acompaño hasta la entrada del edificio.
-Bueno, gracias por todo Gustavo- le dije.
-No me agradezcas, me encantó poder hablar con vos, los dos solos. Nunca pude conversar con una chica tanto tiempo como con vos, con vos todo es diferente…Desde el día que te vi en Aeroparque imaginé que podría haber algo especial entre nosotros…-me dijo.
-Bueno, ¡gracias! yo también la pasé bien, me encantó la charla que tuvimos…Gracias por el paseo, la cena, por traerme…Buenas noches Gustavo- y le di un beso en la mejilla.
Me di vuelta y entré al edificio.
Me gusta, me gusta, me gusta mucho, mucho, mucho. Es un ser humano excepcional, cálido, divertido, profundo… Pero es diferente lo que siento con él, con respecto a cualquier otro hombre que haya conocido, el trato, como me hace sentir, como protegida, no sé cómo explicarlo, va más allá…¡Por supuesto que me gusta físicamente! Desde que lo vi cuando fui a buscar a Luis a Aeroparque, su mirada, su sonrisa, es…no sé, como si nos conociéramos de toda la vida…Espero no equivocarme de nuevo…
lunes, 1 de marzo de 2010
Fuimos en el auto
Fuimos en el auto de Gustavo hasta el hotel donde iba a hospedarse mi hermano. Luis me empujó para que vaya en el asiento delantero. Gustavo se quedó en la recepción y yo lo acompañé a Luis hasta la habitación.
-¿Por qué te reías tanto cuando te presenté a Gustavo?- me dijo con cara de pícaro.
Entonces le conté lo que había pasado.
Se echó a reír y me dijo:
-Bueno, hermanita, este hombre es soltero, muy buen mozo, todo un caballero y por sobre todo, no es gay...
"Menos mal" pensé, "semejante hombre, musculoso, alto, hermoso y que no le gusten las mujeres, sería un total desperdicio".
Fuimos los tres juntos a cenar. Nos divertimos muchísimo. Luis hablaba estupideces, Gustavo le seguía la corriente y yo me reía de todo. Cada tanto Gustavo me miraba y yo me hacía la distraída. Luis seguía con sus bromas.
Gustavo tenía un conocido en el Palais de Glace, uno de los lugares de exposiciones de Arte Contemporáneo más importantes de Buenos Aires, y había conseguido que mi hermano expusiera allí su obra. Luis estaba feliz. En la cena quedaron en ir juntos al otro día para ver bien el lugar y coordinar los detalles.
-Analía, venís con nosotros, ¿verdad?- me dijo Gustavo-Sin vos no sería lo mismo-.
-¡Claro que viene!-dijo Luis con un guiño.
-Sí- respondí. Gustavo me dedicó otra de sus sonrisas.
A la salida del restaurante lo dejamos primero a mi hermano en el hotel y Gustavo me llevó a mi casa. En el camino me contó cómo lo había conocido a Luis (yo ya sabía la historia por mi hermano). Apenas hice algún comentario sobre lo contento que estaba mi hermano. Prefiero escuchar primero... la verdad es que no quiero equivocarme de nuevo...
Mañana me va a pasar a buscar a las diez. Mejor me voy a dormir.
sábado, 27 de febrero de 2010
Sorpresa
Parece mentira que hoy ya es viernes El día amaneció soleado, y bastante más cálido que los últimos días. Pedí permiso en el trabajo para ir por la tarde a Aeroparque, a esperar a mi hermano. Estoy contenta de que venga a Buenos Aires a visitarme, espero que sus ocupaciones no lo absorban tanto, asi podemos conversar.¡Tengo tantas cosas para contarle!...
Arreglé mi pelo y me maquillé un poco, después de todo quizá Luis quería presentarme a alguien importante para él...
Llegué casi una hora antes de que llegara el avión. Decidí ir a tomar un café, pero antes me compré una de esas tontas revistas femeninas, para leer y así pasar el tiempo. Y ahí lo vi: alto, morocho, ojos casi negros, parecía descendiente de árabes o algo así…Pensé “¡Ah, bueno! Menos mal que vine y puedo mirar algo que vale la pena”. Vestía una camisa sport blanca con rayitas grises azuladas y un pantalón gris oscuro. De repente, como si se hubiera dado cuenta de que lo estaba mirando, me miró a los ojos y me sonrió. Me puse roja como un tomate, di media vuelta y me fui al bar. Me senté y pedí un cortado. Cuando al fin me puse a hojear la revista...anunciaron la llegada del vuelo de mi hermano.
Fui al hall a esperarlo y ahí estaba el morocho de nuevo. Me hice la tonta y me fui hacia la otra punta. En eso lo veo a Luis. Me fui acercando a él, abriéndome paso entre la gente. La sorpresa fue que el morocho también se dirigía hacia mi hermano y lo saludaba. Y yo me quedé a un costado, mirando a Luis y a ese hombre tan buen mozo, pensando “Noooo, No puede ser!!!No me digas que este es el amigo de mi hermano!"
- Gustavo, te presento a Analía, mi hermana- dijo Luis. Y yo, con mis rodillas temblando, y mi cara más roja que antes, empecé a reirme como una tonta.
jueves, 25 de febrero de 2010
Novedades
Mi hermano es un espécimen de aquellos. Es tres años mayor que yo. Siempre supo de su condición homosexual y la aceptó desde pequeño. Mis padres lo llevaron a montones de especialistas para desmentir y encauzar su sexualidad, pero obviamente, jamás lo consiguieron. En cuanto pudo juntar un poco de dinero, se dedicó a viajar, primero por Argentina, para luego lanzarse más allá de las fronteras. En cada lugar que iba, buscaba alguna forma de ganar dinero para solventar sus aventuras. Creo que nunca se prostituyó, pero no estoy muy segura de eso. Desde chico tuvo vocación de artista, y pintar era lo que más lo ayudaba a escaparse de la realidad. Siendo un ser especial, recorría los caminos de la vida casi flotando, dentro de su burbuja dorada, como él llamaba a su mundo imaginario.
Cuando volvía de sus viajes se internaba en el galpón que hacía las veces de atelier y pintaba desenfrenadamente. Sus obras se ganaron cierto prestigio en Córdoba, aunque él siempre se quejaba de las limitaciones de esa plaza. Fue en la inauguración de una de sus exposiciones que conoció a Gustavo, un joven coleccionista de arte que había viajado a Córdoba por negocios de la empresa de su padre, y que había ido a parar a la muestra, invitado por una amiga en común.
Sintonizaron enseguida. Gustavo era dueño de esa sensibilidad y conocimiento que deben tener quienes gustan del arte de vanguardia. Compró un par de cuadros y le preguntó a Luis si le gustaría participar en algún evento en Buenos Aires, ya que él tenía varios contactos en el ambiente artístico porteño. Obviamente, Luis aceptó. Intercambiaron tarjetas y Gustavo prometió llamar en cuanto tuviera noticias para mi hermano…
¿Por qué escribí todo esto?
Porque hoy Luis me llamó para decirme que la semana que viene estará por Buenos Aires. Me contó cómo había conocido a ese tal Gustavo (lo escrito más arriba).Parece ser que G. cumplió su palabra. Me dijo que lo invitó a participar en una expo colectiva que van a hacer no sé donde…
Me pidió que el viernes vaya a esperarlo a Aeroparque.
-¡Y ponete linda, Analía, sacá a relucir todo lo que la Madre Naturaleza puso en tu hermoso cuerpo! Dame ese gusto por favor, que voy con un amigo- dijo casi retándome.
Pensé en que sus amigos eran igual que él...
¿Y si no tengo ganas de ponerme linda?¿Para quién después de todo?
El otoño hace que vea todo gris….
miércoles, 24 de febrero de 2010
Regreso
No fue fácil volver a la rutina de todos los días…Trabajar, a la salida hacer algunas compras y de nuevo a mi departamento.
No tengo ganas de salir, ni siquiera de escribir en mi diario. Después de todo nada importante está pasando en mi vida en estos momentos…Encima los días están cada vez más fríos.
Lorena conoció a alguien, así que no está casi nunca.
Me alegro que haya encontrado un amor, pero la verdad es que extraño su compañía y sus consejos.
Ya pasaron casi tres meses de mi viaje a Córdoba. Parece mentira.
Luis, mi hermano, ayer me llamó y me dijo que va a venir muy pronto a visitarme, que todavía estaba ultimando detalles, que pronto nos vamos a ver, que tenía una sorpresa para mí y que esperaba que me gustara. Insistí en que me contara, pero el malvado no aflojó ni una palabra.
La verdad es que tengo muchas ganas de encontrarme con él, para ponernos al día, contándonos nuestros secretos como cuando éramos chicos…
Veremos que se trae entre manos…
martes, 23 de febrero de 2010
Viaje a Córdoba
Mamá me avisó que papá esta cada vez peor, y me pidió que viaje a Córdoba para darle una mano. Como siempre mi hermano Luis estaba de viaje. Me contó que se había ido a Brasil y por allí andaba con otros vagos como él, vendiendo pulseritas y haciendo tatuajes temporales en la playa.
-Tu papá está muy enfermo- me dijo cuando me llamó por teléfono- me pidió que te dijera que vengas…-.
Pedí unos días de licencia en el trabajo y saqué el boleto para viajar esa misma noche. La verdad es que estaba preocupada: mi viejo grave, mi mamá con sus propios problemas de salud, sin poder contar con mi hermano tampoco…
Apenas pude dormir en el viaje. Iban y venían a mi mente todos los recuerdos que había archivado en algún lugar de mi corazón: El día que papá, después de volver de uno de sus viajes, me regaló la muñeca que todavía conservo; las veces que, siendo yo adolescente, me llevaba y me buscaba cuando salía a bailar con mis amigas; en mis 15, bailando el vals orgulloso con “su nena”; luego mi viaje a Buenos Aires, las peleas y el arrepentimiento de tantas cosas dichas…
Llegué como a las seis de la mañana y estaba esperándome mi primo. Me dio la mala noticia: mi papá no había pasado la noche.
Lloré abrazada a mi madre como cuando era niña. Ella acariciaba mi cabello, queriendo consolarme, como olvidando su propio dolor…
Mezcla de tristeza y alegría fue el reencuentro con tíos, primos y amigos que hacía siglos no veía…ahora recuerdo esos momentos como si los hubiera soñado…
Mi hermano llegó el día después del funeral. ¡Mi compañero de juegos infantiles! Nunca había estado a la altura de las exigencias de mi padre y eso había dejado impresa una honda tristeza en sus pupilas. Cuando nos abrazamos me susurró en el oído:
-¡Qué linda que estás! Te presentaría alguno de mis amigos, si no fuera que son todos gays como yo!
Volví a Buenos Aires hecha pedazos. Traje conmigo la promesa de mi hermano que cuidaría de mamá, y que pronto me visitaría.
lunes, 22 de febrero de 2010
Adiós
Veinticinco largos días pasaron desde la última vez que estuve con Pablo. Lo extraño, para qué voy a mentir, y aunque de a poco el recuerdo de su mirada se va borrando, no dejo de pensar en él…todavía…a veces…
Hace como quince días me llamó y decidí escucharlo: quería que le diera otra oportunidad, que ya estaba preparando todo para decirle a su esposa que quería divorciarse y llevarse todas sus cosas, que se había enamorado de mí...y que me iba a esperar lo que fuese necesario.
Y de pronto, ya no volvió a dar señales de vida por una semana. Hasta ese viernes, que me lo encontré en la calle y que fue cuando me dijo que me había mandado un mail. Cuando los leí, escribí en mi diario que lloré…pero lo que no puse fue que lloraba por mí, porque me había vuelto a equivocar, porque por más que él insistiera, la magia ya se había esfumado. Tengo que aprender a controlar mis impulsos.Tengo que aprender a decir no.
Pablo, lo siento mucho, pero FUISTE! No te creo nada más, fui muy estúpida, pero se terminó. No quiero que me llames más. No te quiero más en mi vida.
Ayer a la tarde, eliminé los mails que me había mandado y cancelé mi casilla. Compré un nuevo chip para mi celular y les mandé a mis contactos mi nuevo número. Después tomé el chip que tenía el número de Pablo y lo tiré por el inodoro.
viernes, 19 de febrero de 2010
Duele...
El fin de semana me encerré en el departamento. Lloré, lloré hasta que se me secaron las lágrimas…
Era algo raro…lo odiaba y lo extrañaba, quería y no quería verlo, me enojaba conmigo por acordarme de esa noche, de la cena, del beso en el puente, en cómo hicimos el amor y al mismo tiempo no podía dejar de recordarlo…
Pablo me mando montones de mensajes, me llamó miles de veces y yo no respondí ni una vez. Estaba más dolida que enojada. De verdad que me estaba enamorando de él…pero ya no podía creerle.
Pablo, tengo que borrar de mi memoria todos esos besos que nos dimos, olvidar tu risa, tus ojos, tus caricias...
Tengo que olvidar todo lo que sentí con vos, olvidar que te conocí...
Me pregunté por qué él no había dejado el anillo por ejemplo, en la guantera del auto, lo mismo que la foto. O era demasiado idiota, o lo había hecho a propósito, para que yo lo viera, para que no me hiciera ilusiones, y supiera que iba a ser simplemente una aventura más en su vida…
Ya no doy más. Mañana no sé cómo voy a ir a trabajar….
Cuando llegó Lorena, le conté lo que me había pasado.
-¡Duele, amiga! ¡Cómo me duele que no haya sido sincero!!
Me abrazó y me dijo: “Ay, Analía, Analía, ya va a pasar…ya vas a conocer a alguien que te quiera bien, como debe ser, sin mentiras, sin ocultar nada…”
miércoles, 17 de febrero de 2010
Descubrimiento
Me desperté. Saqué su brazo de mi cintura y me levanté para ir al baño. Al volver, lo vi. Estaba en la mesita de luz, al lado del manojo de llaves del auto, asomando por el borde de la billetera: una alianza de oro. No lo podía creer. Me acerqué muy despacio para no despertar a Pablo: Tomé el anillo entre mis dedos y pude ver la inscripción dentro: Clara y Pablo.
Suavemente abrí con un dedo su billetera. Y allí estaba la foto de Pablo abrazando a una mujer rubia con una nenita en los brazos. Me senté en la cama, shockeada por lo que había descubierto. Lentamente me vestí, me arreglé un poco y lo sacudí para despertarlo:
-¿Qué pasa?- dijo todavía medio dormido
-Sos un desgraciado- le dije, mientras se me quebraba la voz por el llanto que empezaba a salir a borbotones- Quiero que me lleves de vuelta y que nunca más aparezcas en mi vida.
Abrió los ojos y me preguntó:
-Pero, ¿qué pasa Analía?-.
-Pasa que sos casado y no me lo dijiste- respondí señalando la foto y el anillo-Y yo no me merezco esto. Si me hubieras dicho, yo hubiera podido elegir...
-Dejame que te explique- dijo
-¡No hay nada que puedas explicar!. Si no me llevás vos, no me importa, me voy caminando-.
-No, ¡Por favor! ¡Dejame que te explique!..Está bien, tenés razón, estoy casado todavía, pero voy a pedirle que nos divorciemos. Ya no doy más, con ella no va más; es más, ni siquiera estamos viviendo juntos...No te lo conté porque no quería arruinar lo lindo que estaba creciendo entre nosotros, por eso también te dije que alquilé el departamento, que me estaba mudando...Por favor, Analía, ¡te estoy diciendo la verdad!
-No, ¡Por favor! ¡Dejame que te explique!..Está bien, tenés razón, estoy casado todavía, pero voy a pedirle que nos divorciemos. Ya no doy más, con ella no va más; es más, ni siquiera estamos viviendo juntos...No te lo conté porque no quería arruinar lo lindo que estaba creciendo entre nosotros, por eso también te dije que alquilé el departamento, que me estaba mudando...Por favor, Analía, ¡te estoy diciendo la verdad!
Sin mirarlo le dije:
-¡A mí qué me importa!. Confié en vos, ¿sabés?. Yo no te oculté nada y vos sí, y encima tenés una hija...Me quiero ir de acá y no quiero verte nunca más.
-¡No, pará! La nena no es mi hija. Es hija de su primer matrimonio.
-Mirá Pablo, ya no puedo creerte nada. Se terminó.
Esperé que terminara de vestirse y nos fuimos. Quiso llevarme a mi casa, pero le dije que me deje donde nos habíamos encontrado.
Me tomé un taxi y me puse a llorar. El taxista me miraba por el espejo y me preguntó si estaba bien. No le respondí. Cuando llegué, Lorena no estaba. Se había ido el fin de semana a Colonia.
Ay Pablo, cuando me dijiste que te estabas enamorando de mí, te creí.
Yo también me estaba enamorando...qué estúpida que fuí!
martes, 16 de febrero de 2010
Una noche especial (Parte II)
Salimos abrazados del lugar. Caminamos hasta el estacionamiento.
Luego de un viaje relativamente corto, entramos en un hotel alojamiento. Cada habitación tenía su propio garaje frente a la puerta de entrada. Un portón rebatible protegía la intimidad de los ocupantes, al ocultar la patente del vehículo.
Entramos a la habitación alfombrada y con varios espejos.
Pablo me miró a los ojos y supongo que adivinó mis dudas, porque me dijo:
-No tengas miedo, princesa, nadie va a hacerte daño…-.
Se acercó a la mesita de luz y vació los bolsillos de su pantalón.
Y lentamente volvió a besarme en la boca. Yo lo dejé hacer y me dejé llevar…
A la vez tierno, apasionado, dulce, vehemente, suave…nunca había conocido a alguien así.
Pablo pidió por el interno un par de gaseosas, luego nos recostamos y me dijo:
- Princesa, creo que me estoy enamorando de vos...-.
Yo me sonreí y le di un beso. Y nos quedamos dormidos abrazados.
lunes, 15 de febrero de 2010
Una noche especial (Parte I)
Tardé como dos horas en decidir qué iba a ponerme. Ganó la elección mi vestido de seda floreado con detalles de encaje en el escote. Lorena me ayudó a hacerme el peinado recogido. Make up, aros, sandalias altísimas, perfume, carterita… y listo!
-¡Pablo no va a saber dónde mirar primero, si tus piernas o tu escote!- dijo mi amiga riéndose-¡Le va a dar un infarto pobre hombre!...¡Buena suerte chiquita, que lo pases bomba y no te olvides de cuidarte...
-¡Gracias amiga!- le contesté al subir al taxi.
Cuando llegué al lugar de la cita, Pablo no había llegado, así que me quedé parada al lado de la puerta del bar, un poco incómoda por la mirada de los transeúntes. De pronto paró un auto gris y se abrió la ventanilla. Miré para otro lado, pensando que era algún tipo que quería levantarme… Era Pablo.
Ay, Pablo si supieras cómo me movés el piso!!! Estabas hermoso...y con ese perfume!! Wuaw!
Fuimos a Puerto Madero, yo le había dicho que nunca había ido a cenar por esa zona de la ciudad. Cuando entramos al restaurante, el Maître nos acompañó hasta la mesa reservada para nosotros, en la terraza con vista al dique. Un lugar espectacular.
Como bienvenida y cortesía de la casa, nos trajeron sendas copas de vino blanco. Brindamos por el reencuentro…
(Cuando fuimos a cenar la otra vez él me pidió que le dejara escoger el menú, y yo acepté….No se lo digas, pero a mí no me gustan los camarones, y él pidió eso de entrada. Y después algo de salmón a la no sé cuánto, y tampoco me gusta el pescado. No comí casi nada, en parte por eso, pero también porque estaba muy nerviosa…)
Como nos trajeron una carta para cada uno, elegí rápidamente lo que me gustaba. El hizo lo propio y se encargó de escoger el vino. Todo estuvo riquísimo.
Hablamos mucho. Nos reímos más. Me contó que había nacido en Buenos Aires y que vivió muchos años en Mar del Plata, pero que la vida lo había llevado de nuevo a la Capital. Que extrañaba el mar. Que ya había alquilado departamento, pero que sólo había podido llevar algunas de sus cosas, que quería que yo lo viera…le hable de mi proyecto de retomar mis estudios, de que extrañaba Córdoba pero no quería volver…
Después de la cena caminamos de la mano un rato y cuando estábamos en el Puente de la Mujer nos detuvimos un momento para observar el reflejo de las luces en el agua. Se acercó más a mí, me llevó de espaldas suavemente hasta la baranda y tomándome de la cintura me dio un beso profundo…
Ay Pablo, vos con tus manos eléctricas y tus besos que erizan toda mi piel!
-Vayamos a tomar una café, ¿te parece?- le dije.
Fuimos a una Pub muy lindo. Pero no tomamos café. Pedimos unos tragos largos. Casi no había gente en el lugar. Nos besamos de nuevo, varias veces, hasta que me sugirió ir a un sitio más privado.
A esa altura, ya no tenía fuerzas para rechazar nada de lo que Pablo me propusiera…
domingo, 14 de febrero de 2010
Insiste y conseguirás
Pablo reapareció. Me llamó justo cuando estaba llegando a la oficina. Me invitó al cine, a ver una comedia. Le dije que no podía, que tenía otro compromiso. Insistió, pero no aflojé. ¿Qué se piensa este engreído? Me dejó plantada por una semana completa. Y ahora pretende que yo deje todo para ir corriendo a verlo. Que ni lo piense, ni lo sueñe, ni lo imagine.
“No me mandaste ni un miserable mensaje”, le dije. Me respondió que había estado con mucho trabajo, no había tenido tiempo para nada y encima tuvo que irse de viaje. Le dije que en serio no podía, que tenía que ir a una entrevista de trabajo. Que cualquier cosa yo le iba a avisar cuando tuviera tiempo para él.
“Prometeme que salimos mañana” me dijo. “No prometo absolutamente nada”, contesté…(”A este señor no tenemos que darle el gusto muy rápido, Analía, no aflojes ¡por favor!” me repetía la voz de mi otro yo).
Por supuesto que todo era mentira, que no tenía ninguna entrevista, pero no se me ocurrió otra cosa.
“No vayas hacia él. Deja que él venga hacia ti” me dijo Lorena cuando le conté lo que estaba pasando. Eso hice, iba a tener que esmerarse.
Durante el resto del día, a cada hora, me envió un mensaje con un piropo de esos que te levantan la autoestima y que no te dicen muy seguido (lo único que escucho en esta ciudad son groserías, no como en mi Córdoba natal…los hombres cordobeses son sumamente imaginativos). Debió tenerlos anotados, no me explico sino cómo se acordaba de tantos. Pero igual yo seguía enojada. O me hacía la enojada, para el caso es lo mismo. A la noche me volvió a llamar. Me preguntó si estaría libre al viernes, que tenía muchísimas ganas de verme, que no se había olvidado de mis besos, que teníamos que seguir conociéndonos, que no podía dejar de pensar en mí, que fuéramos a cenar, que después, si yo quería podríamos ir al cine, o a bailar, donde yo quisiera, que yo pusiera las condiciones...
Y bueno, no pude negarme.
Cuando le conté a Lorena me preguntó: “¿Te va a pasar a buscar en su auto?”.
“No, quedamos en encontrarnos en el bar del otro día, porque él se va a quedar trabajando en su oficina; me dijo que tiene muchas cosas atrasadas por el viaje y que iba a ir directamente…Y me parece que no tiene auto, o al menos las pocas veces que salimos no dijo nada acerca de eso.” Lorena me miró y sentenció:
”Querida Analía, una princesa tan bella como vos se merece que la pasen a buscar en una carroza último modelo, en lo posible importada”.
Pero yo le respondí que no quería que supiera dónde vivo. Después de todo, no había pasado demasiado tiempo desde que lo había conocido.
sábado, 13 de febrero de 2010
Pienso, pienso, pienso...
Estuve todo el fin de semana esperando que sonara mi celular. Lo llamé varias veces pero me atendió el contestador. Obvio, tampoco contestó mis mensajes.
Pensé mucho acerca de lo que pasó el viernes. ¡Cambió tanto cuando le llegó el mensaje! Me muero por saber quién y qué le escribió. Ahora que lo pienso, cuando le pregunté en el bar qué era lo que tenía que decirme, miró para otro lado, como si no se animara, no sé, como preocupado y me dijo eso de que fuéramos a caminar. Después, su desaparición. ¿Qué le habrá pasado?...
Igualmente, cuando olvido mis dudas y me acuerdo de sus besos...¡Ay mi Dios! Si esta historia continúa así...no sé cuánto tiempo voy a poder frenarme. Me conozco... tengo el "si" demasiado flojo.
Me excito con sólo imaginarme la situación....
"Analía, portate bien", dice la voz de mi alter ego...
Después de lo que pasó con ese tipo, no quiero volver a equivocarme...Lorena me lo había advertido. Para ella, el vago ese no valía ni dos pesos. Y yo fui muy boluda...Le creí cuando me dijo que se llamaba Mario. Tenía unos ojazos verdes increíbles y olía a una mezcla rara de perfume importado, tabaco, miel, vainilla.. que despertaba todos mis instintos...
Esa noche, después de un par de citas, me excedí con el alcohol y cuando él encendió el porro, pensé "Nunca fumé hierba...Sólo una probadita, a ver qué tal se siente...". Fue mi gran error. Me desperté en un hotelucho de mala muerte. Me había robado todo, menos la ropa, por suerte. Mario había desaparecido.
Menos mal que había hecho bien los deberes con mis anticonceptivos y que el hijo de puta no me pegó ninguna enfermedad...
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